La contaminación y sobreexplotación de nuestros mares.

Por Carlos Alvarez Flores

 

Con 7,490 millones de seres humanos, más de 4 millones de barcos de pesca, más de 33,000 barcos mercantes que realizan un comercio mundial que utiliza más de 500 millones de contenedores, nuestros mares y océanos del mundo están siendo sometidos a una enorme presión.

 
En 1950, la extracción de productos del mar (peces, mariscos, crustáceos, moluscos y mamíferos) era de aproximadamente 20 millones de toneladas anuales, al día de hoy, pudiéramos estar extrayendo más de 130 millones de toneladas anuales. Según los expertos, si seguimos sobreexplotando nuestros mares y océanos a este ritmo, estaríamos en peligro de extinguir para el año 2050 la mayoría de las especies que hoy comemos. Sabemos que tres cuartas partes de ellos están siendo sometidos a la sobreexplotación. No hemos entendido que debemos dar tiempo a que las diferentes especies marinas puedan reproducirse. En la caza masiva del atún, debemos saber que cada kilo de atún necesita de 10 kilos de otras especies, para alimentarse. Y que si seguimos explotando indiscriminadamente la anchoveta, como alimento principal (harina) para las grandes granjas acuícolas, estamos destinados a la extinción de esta especie.

 
Hemos sofisticado las embarcaciones durante más de 12,000 años. Al principio las embarcaciones pesqueras eran con velas, remos y solamente de madera. Hoy tenemos barcos atuneros, arrastreros, palangueros, boniteros polivalentes, volanderos y de bajura. Seguimos usando madera para construirlos, pero ahora construimos embarcaciones de acero, de fibra de vidrio y seguramente algunas embarcaciones de pesca deportiva y yates de placer deben estar utilizando policarbonato. Hoy sabemos que existen infinidad de tipos de barcos, como bajel, balandra, barca, bergantín, bombarda, bote, carabela, carraca, chambequín, clíper, coca, corbeta, falúa, faluche, filibote, flauta, fragata, fusta, galeaza, galeoncete, galeota, galera, goleta, jabeque, lancha, lancha cañonera, lugre, místico, nao, navío, navío de línea, patache, pailebote, paquebote, paquete, pinaza, pingue, polacra, queche, saetia, sumaca, urca, yate y zabra.

 
Existen tres grandes tipos de pesca: de bajura, de altura y de gran altura, de acuerdo con las distancia de la costa a los caladeros o muelles y de cómo se realiza la pesca. La pesca de bajura se realiza entre la costa y unas 60 millas, con barcos de 20 hasta 100 toneladas de carga y con poca tripulación, ya que sus recorridos y la pesca misma se realiza en corto tiempo. La de altura, se practica a mayor distancia, más tiempo y mayor tripulación. Y la de gran altura puede realizarse en todos los océanos del mundo, puede durar de 6 a 8 meses, con grandes embarcaciones, con grandes tripulaciones que pescan, procesan y congelan, y hasta envasan sus productos marinos. Y estas embarcaciones cuentan con equipos de navegación sofisticados que detectan los movimientos de los bancos de pesca, con radares y telecomunicaciones modernas.

 
Las técnicas más comunes son la pesca de arrastre, que literalmente consiste en arar el fondo del océano extrayendo todo lo que encuentra a su paso. Con enormes redes de hasta 3,000 metros, destruyen los ecosistemas marinos completos. La mayor parte de estas capturas carecen de valor comercial, por lo que son devueltas al mar ya sin vida. Son los llamados descartes, un sacrificio desproporcionado para conseguir la mayor cantidad de la especie marina buscada. Los caladeros tradicionales, cercanos a la costa, se han ido despoblando de vida y los grandes buques comerciales necesitan ir cada vez más lejos y arañar cada vez a más profundidad para encontrar peces. El problema es que allí por donde pasan los arrastreros, no vuelve a surgir la vida. Desaparece el hábitat y con él las especies, que migran del lugar.

 

 

En opinión de Daniel Pauly, biólogo francés experto en conservación oceanográfica y uno de los 50 científicos más influyentes del mundo según la revista Scientific American, “la pesca de arrastre es como un saqueo en un banco, donde los ladrones destrozan todo y salen con el dinero. Lo que queda es un desierto, y en el desierto no crece nada”. “La pesca industrial está planteada como una guerra contra los peces” sostiene Pauly, “ganar esta guerra significa la aniquilación de la vida en el mar”.

 
La pesca de trampa simplemente utiliza trampas (cajas de metal o plástico) para capturar los peces. Y los barcos que la practican disponen de un vivero con agua de mar para trasportar su pesca. La pesca de cerco, se utiliza para la captura de especies de superficie (sardinas, arenques, etc). Se utiliza una enorme red sujeta por dos cables. El de la parte superior lleva flotadores y el del fondo lleva un lastre de plomo que le permite sumergirse. La pesca de almadraba, es el método tradicional en donde se utilizan redes fijas que atrapan a los peces (atún rojo).

 
Además de las embarcaciones pesqueras que se dedican precisamente a extraer de los océanos y mares del mundo, los productos marinos. También existen muchas otras embarcaciones, que de acuerdo con la ingeniería naval, se distinguen en dos tipos: los barcos menores, que son los barcos con una eslora (largo) menor a 24 metros y con 50 o menos de volumen interno y los barcos mayores que son aquéllos cuya eslora (largo) supera esas dos medidas. Por su método de propulsión se dividen en: propulsión humana (canoas, kayaks, faluchos y los antiguos trirremes); los de propulsión eólica (vela, los barcos a rotor) y los de propulsión mecánica (motores o turbinas) y los submarinos nucleares. Los barcos comerciales que atraviesan el globo terráqueo, se conocen como buques portacontenedores, buques de carga en general, buques de carga refrigerada, buques graneleros (de carga a granel), buques cisterna (tanques), buques petroleros, buques aljibe, buque de carga rodante (ro-ro), buques de carga de vehículos, buques metaneros o LNG (con transporte criogénico de gas), buques de abastecimiento, buques para dragado, buques rompehielo, buques de exploración sismográfica y buques de perforación.
Además de la gran presión que ejercemos por la sobreexplotación, al ecosistema marino, debemos considerar, que las propelas de todas estas embarcaciones generan ondas sonoras que se trasmiten de forma inmediata y a gran distancia en el agua, lo que ocasiona graves afectaciones las diferentes especies marinas. Eso sin contar la basura oceánica, que actualmente ha cobrado una relevancia mayor, debido a las miles de tonelada de envases de plásticos (polietilenos de baja y alta densidad) que estamos arrojando a indebidamente a nuestro mares y océanos. Esta basura oceánica proviene, entre otras fuentes, como las mismas playas de todos los continentes, como de los grandes cruceros que diariamente navegan las zonas turísticas del mar del caribe, del mar mediterráneo, del mar del norte y por supuesto de las islas asiáticas. Y también de los barcos mercantes. Además debemos recordar que en la playas y costa de nuestros continentes se encuentran asentados más de 2,000 millones de seres humanos, que con sus actividades de vivienda, y actividades de recreación (jet-ski) y buceo deportivo, hoteles, restaurantes, discotecas y toda clase de desarrollos urbanos, estamos generando infinidad de residuos, no solamente sólidos urbanos (basura) sino que también debemos estar concientes de que todas estas actividades turísticas de recreación y divertimento, generan sustancias químicas. Por ejemplo, ahora usamos ácido tricloroisocianúrico, para tratar las aguas de las albercas, que es una sustancia tóxica, que ayuda a eliminar las bacterias. Cuando se cambia el agua de dichas albercas, estas aguas terminan siendo vertidas al mar. Tenemos decenas de sustancias químicas en las formulaciones de los bronceadores solares, de cremas humectantes, perfumes y los cosméticos de las mujeres. Además de las aguas residuales, sin tratar, que son vertidas a los mares y océanos, que llevan cantidades enormes de carga orgánica y de estas sustancias químicas que van alterando diariamente la calidad del agua de nuestros mares. Las plantas termoeléctricas que están en las costas, generan una gran contaminación química. Por una parte, las plantas que queman todavía diésel o combustóleo, (como muchas de la Comisión Federal de Electricidad en nuestro país) generan emisiones tóxicas de SO3 que al reaccionar con el Hidrógeno que generan los grandes volúmenes de vapor de los sistemas de enfriamiento de agua de estas grandes plantas, se convierte en una lluvia ácida (ácido sulfúrico) permanente que cae sobre nuestro mares y océanos. Y la contaminación de sus agua residuales, que contienen metales pesados que son producto de la degradación de los fluxes metálicos que contienen los grandes intercambiadores de calor, de los enormes generadores de vapor, que cuando son limpiados con soluciones ácidas (ácido clorhídrico o muriático) para su mantenimiento, desprenden grandes cantidades de metales pesados.

 
Las muertes masivas de grandes mamíferos, orcas, ballenas, delfines que sin explicación alguna llegan a nuestras playas, en diferentes lugares del planeta, no deben ser vistos como misterios científicos, ni leyendas mágicas. Simplemente son el resultado de tanta contaminación química que estamos virtiendo diariamente en nuestros mares y océanos.

 
Tenemos ejemplos en nuestro país, de regiones como Baja California Sur en donde en los últimos 3 años, hemos tenido playas de esta región como cementerios de más de 3,000 cadáveres de tortugas caguama. Específicamente en la Playa San Lázaro, ubicada en el puerto, Adolfo López Mateos en el Golfo de Ulloa, que aunque presumen diferentes ONG’s que estas muertes, pueden ser ocasionadas por pesca incidental las autoridades federales (Profepa, Conamp y Sepesca) se empeñan en deslindar la pesca de esta terrible mortandad, de esta especie en extinción.

 
En el Perú más de tres mil delfines aparecieron muertos en las playas del norte del país, afectados por las actividades de exploración y explotación petrolera, durante el verano del 2014. Las compañías petroleras usan frecuencias de onda acústica que producirían la muerte de estos cetáceos y de otros como lobos marinos y ballenas en las playas del norte. Esta mortandad masiva se debería a la llamada ‘burbuja marina’, una bolsa acústica que se forma al usar en la profundidad del mar equipos para buscar petróleo, gas y otros minerales. Según un informe de la Organización Científica para Conservación de Animales Acuáticos (ORCA)  la revisión médica y los análisis de histopatología forenses realizados a estos delfines revelaron que padecían de síndrome de descompresión aguda evidenciado por fracturas en los huesos perióticos y hemorragia en el oído medio, enfisema pulmonar diseminado, y burbujas de aire en órganos como el hígado, riñón y vasos sanguíneos.

 
Los delfines no presentaban lesiones externas de ningún tipo, por lo que se concluye que el impacto acústico sería la causa primaria de varamiento. Para el médico veterinario y director de ORCA, Carlos Yaipén-Llanos, los efectos producidos por estas “burbujas” no son visibles a simple vista o de inmediato, sino que generan efectos posteriores en los animales impactados. “Este hecho ha cobrado la vida de más de 3 mil delfines y otros cetáceos. Además, no todos los animales que se encuentran en el espacio físico o alcance  de una “burbuja marina” son afectados. Solo aquellos cuya frecuencia de comunicación/audición se encuentra en el rango acústico de la “burbuja” van a sufrir el impacto de manera directa, produciéndoles pérdida de equilibrio, desorientación, hemorragias internas, destrucción del oído interno, destrucción mandibular, descompresión respiratoria, burbujas de aire en órganos y sistema circulatorio, derrames cerebrales, y eventualmente, la muerte”, describe el experto.

 

 

En conclusión: estamos acabando la gran biodiversidad que nos regala la naturaleza que tenemos en los mares y océanos del planeta. Esta fuente inmensa de productos marinos, como fuente de alimento (excelente fuente de proteína animal) puede terminarse pronto. Es indispensable que reflexionemos en reconsiderar la forma de pesca intensiva que hoy realizamos. Debemos modificar nuestras conductas cuando estamos descansando o divirtiéndonos en las payas del mundo, para evitar vertir residuos sólidos y sustancias químicas al mar. Tenemos que replantear el buceo deportivo y establecer un código de conducta nuevo, que permita regular el número de buzos que pueden visitar los lugares especiales para el buceo deportivo, debemos usar canoas y lanchas a remo, en lugar de usar embarcaciones con grandes motores ruidosos y combustibles y aceites fósiles, que finalmente terminan en el mar. Se debe sustituír la tecnología agresiva de “bolsa acústicas” para la exploración y explotación petrolera, por nuevas tecnologías de resonancia eléctrica o magnética.

 
No debemos esperar la catástrofe marina, cuando no podamos obtener ningún producto del mar para alimentarnos. Estamos a tiempo.

Imagenes: pixabay.com

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