El agua como indicador ambiental y de salud.

https://i2.wp.com/www.uam-lerma.mx/blog/wp-content/uploads/2011/01/cuenca2.jpg?resize=400%2C267Ing. Carlos Alvarez Flores

Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.

En Marsella, Francia del 12 al 17 de marzo del presente año, se llevó a cabo el 6º Foro Mundial del Agua, en el que participaron casi 20,000 personas de 159 países del Mundo. Los primeros cinco Foros, fueron en Marrakesh, Marruecos en 1997; La Haya, Países Bajos en 2000; Kyoto, Japón en  2003; México, D.F. en  2006 y Estambul, Turquía en 2009. Y en todos los casos llegamos a la misma promesa: que ahora sí, vamos a darle un uso verdaderamente responsable a nuestra agua dulce. Sin embargo, cada día aumentan las necesidades de agua, porque seguimos creciendo a una peligrosa velocidad.

En el año 1800 eramos solo 1,000 millones de habitantes y en sólo 212 años  más,  ahora somos 7,000 millones de habitantes de la Tierra. Este líquido o sustancia especial, que denominamos agua, se compone de dos átomos de Hidrógeno y uno de Oxígeno; no podemos “fabricarla”. O sea que con Hidrógeno gas y Oxígeno gas, no podemos sintetizarla. Este es uno de los grandes misterios. Sabemos que sólo una pequeña parte del agua total del Planeta es agua dulce. Hay quien dice que es el 2 %, otros que el 3 % y otros que el 4 %. De cualquier forma, el agua dulce disponible es escasa, aunque se esté agregando la que se derrite en los polos, día con día, por el Calentamiento Global. Sin embargo, a pesar de que todos sabemos (supongo) la importancia del agua. No la cuidamos, ni la usamos racionalmente. Y tenemos comportamientos muy irresponsables que así lo acreditan.

Por ejemplo, en el informe del 25 de mayo de 2011, México, nuestro país, ocupó el 6º lugar en el ranking de la OCDE, con recursos hídricos. Sin embargo estamos en el último lugar en gestión y manejo de agua, esto significa que tenemos el peor Sistema de Conservación y Reciclaje de Agua. No hace falta resaltar la importancia del líquido vital.

Simplemente sin él, no podemos vivir. Es parte de la vida misma. Está en todos los líquidos corporales, sangre, linfa, secreciones digestivas, heces y orina. Transporta nutrientes al interior de las células y posibilita a su vez la eliminación de los residuos de las mismas. Interviene en la digestión de los nutrientes de los alimentos, no sólo facilitando la disolución de los mismos, sino también su digestión a través del proceso de hidrólisis. Ayuda a dar forma y volumen a las células debido a la presión que ejerce en las mismas. Mantiene la temperatura corporal, mediante la evaporación del agua contenida en el sudor. Evita las fricciones en las articulaciones. Tenemos un 80 % de agua en nuestro cuerpo cuando nacemos, después en promedio un 60 % y  un 50 %, cuando envejecemos.  Sin ella, no produciríamos alimentos de origen vegetal o animal. Sin ella, tampoco podríamos remover o limpiar los contaminantes de nuestro comportamiento civilizado-industrial-urbano.

En el campo estamos desperdiciándola irresponsablemente. Podemos decir que del total de agua, en el campo utilizamos un 70 %.  De éste volumen, desperdiciamos un 50 %. En los centros urbanos, usamos un 18 a 20 % y el resto, un 10 o 12 % en los procesos productivos, me refiero a las industrias.  En todos los casos la contaminamos. En el campo, con fertilizantes químicos y con  plaguicidas e insecticidas. En las ciudades, con decenas de sustancias peligrosas, que usamos en nuestros hogares utilizando nuestros lavabos y fregaderos como basureros. En las industrias, la contaminamos con residuos peligrosos.

Y no sólo eso, el campo desde hace 30 años que debimos haberlo equipado con el sistema de “riego por goteo” que inventaron los israelitas y no se ha hecho. Estamos muy lejos de llegar a usar el agua eficientemente. Seguimos usando los venenos que nos venden las transnacionales, en lugar de aplicar  germicidas, insecticidas y plaguicidas biodegradables, que ya existen en el mercado, como el Germicida Fraalsini. Seguimos no solo contaminando el agua, sino que seguimos envenenando los ecosistemas y a nosotros mismos. Contaminamos nuestros ríos, lagos , lagunas y el propio océano, con las aguas residuales de las ciudades y de las industrias. Contaminamos el agua con una gran carga orgánica en granjas porcinas, avícolas y lecheras. En nuestros hogares usamos raticidas e insecticidas que no son biodegradables. El quitacochambre es sosa cáustica, el quitaesmaltes es gas nafta, las cremas que usamos tienen glicoles, en los alimentos industrializados usamos conservadores como Benzoato de Sodio y decenas de “aditivos” para su conservación y textura. Usamos detergentes derivados del petróleo como el dodecilbencensulfonato de sodio. Usamos lauril éter sulfato de amonio, en los shampooes y jabones líquidos. En los líquidos limpiadores de vidrios usamos hidróxido de amonio. En la industria, la contaminamos con residuos peligrosos, con derivados petroquímicos, metales pesados, cloruros, carbonatos, sulfatos y acetatos metálicos, colorantes, anilinas, grasas y aceites industriales.

También la contaminamos con decenas de toneladas de medicamentos caducos, que arrojamos a nuestro cesto de basura en casa y que terminan en los tiraderos a cielo abierto de RSU, que generan lixiviados que terminan en nuestros ríos y lagos. No hemos aprovechado la valiosa agua de lluvia, que recibimos cada año en nuestro país. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (CNA) tuvimos un promedio de media nacional de precipitación de aproximadamente de 757 mm en 2000-2006. Lo que nos indica que tenemos decenas de millones de metros cúbicos del valioso líquido, sin aprovechar. Nuestros gobiernos jamás han tenido la inteligencia de invertir en la captación de estos enormes volúmenes de agua.

Para reciclar nuestras aguas residuales necesitamos Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR´s) eficientes y modernas, que operen con porcentajes de degradación superiores al 95 %, que no generen lodos y que consuman poca energía eléctrica. A lo largo de mis 36 años de experiencia profesional, he conocido más de 1,500 PTAR´s que no funcionan, porque carecen de estos tres requisitos. Son plantas viejas que no están operando, a pesar de que costaron miles de millones de pesos. Existen grupos de “empresarios” tramposos (extranjeros y nacionales) que han engañado a decenas de Ayuntamientos y cientos de empresas privadas, con la promesa de resolver el problema. Estas PTAR´s fueron construídas para tratar aguas residuales y vertirlas a los cuerpos de agua, cumpliendo con la norma oficial mexicana NOM-001-SEMARNAT-1996. Por cierto, una norma laxa y “sucia”. Dejar aguas residuales tratadas, en 60 mg/lto. de DBO (Demanda Bioquímica de Oxígeno) de Promedio Diario, para “protección de la vida acuática” y con 150 mg/lto de DBO, Promedio Diario para “uso público urbano”. Definitivamente no es lo que necesitamos para proteger nuestra salud y nuestro medio ambiente. Lo que se requiere es reciclar el agua. Me refiero a regresarla al circuito, para volverla a usar tanto en las industrias, como en nuestras ciudades. Por eso necesitamos tratamientos eficientes.

En enero del 2010, estuve en Seúl, Corea del Sur y conocí tecnologías que dejan sus aguas tratadas, en 4 y 5 mg/lto de DBO y las reciclan. En nuestro país, la mafia de la Comisión Nacional del Agua, es la responsable de que sigamos en la prehistoria, en este tema. A pesar de que nuestros Gobiernos han hecho muchos esfuerzos para lograr que usemos racionalmente nuestra agua, todavía no lo logramos. Entre muchas otras razones, porque no la cobramos bien, porque no estamos tratándola adecuadamente para poder reciclarla. Porque los gobiernos locales no tienen buena administración y control de agua. La desperdiciamos en sistemas de agua potable municipales viejos. En algunos casos como en el Valle de México,  la propia Comisión Nacional del Agua, estima que se pierden al año 360 millones de metros cúbicos de agua, por fugas. Porque las redes secundarias están viejas o simplemente ya no existen.

En nuestro país seguimos indebidamente usando Cloro para potabilizarla, a pesar de que sabemos que daña nuestra salud. En Europa, en Corea, en Japón y en Estados Unidos ya no usan Cloro para potabilizarla desde hace más de 20 años.

Nuevamente el día 22 de marzo volvimos a conmemorar el Día Mundial del Agua. Les pido por favor que reflexionen un poco al respecto. La escasez de agua afecta a cuatro de cada diez personas en el mundo.  En 2025, cerca de 2,000 millones de personas vivirán en países o en regiones donde la escasez de agua será absoluta y los recursos hídricos por persona estarán por debajo de los 500 metros cúbicos anuales recomendados, cantidad de agua que necesita una persona para llevar una vida sana e higiénica. La falta de agua obliga a la población a utilizar fuentes contaminadas de agua para beber. Significa que no pueden asearse, lavar su ropa y limpiar sus casas adecuadamente.

El agua contaminada aumenta el riesgo de enfermedades, diarreicas en particular, el cólera, la fiebre tifoidea, la salmonelosisla disentería y otras enfermedades víricas gastrointestinales. La escasez de agua también da lugar a enfermedades como el tracoma, la peste y el tifus. El tracoma está muy relacionado con la falta de agua para lavarse la cara regularmente. La escasez de agua obliga a la población a almacenar agua en sus casas y aumenta el riesgo de contaminación, generando condiciones para criaderos de mosquitos, que son los vectores del dengue, el dengue hemorrágico, el paludismo, la encefalitis japonesa y la filariasis linfática, además de otras enfermedades como la esquistosomiasis.

Nuestra generación aún no se caracteriza precisamente por ser consciente de los grandes retos ambientales que estamos enfrentando: calentamiento global, escasez de agua, contaminación del suelo, el aire y obviamente contaminación del agua. Nuestras enfermedades siguen cada día cobrando miles y miles de muertes, porque estamos expuestos a muchos agentes tóxicos, que viajan a través, precisamente, de estos tres elementos. No debemos olvidar que cada 4 horas, en nuestro país, muere un niño de cáncer. Si no cambiamos de actitud respecto a los grandes retos del Siglo XXI, pronto sobrevendrá el caos final. Entonces, la utopía del Desarrollo Sustentable, será precisamente, la última utopía.

5 comentarios sobre “El agua como indicador ambiental y de salud.

  1. Me parece fundamental se difunda este tipo de información en los medios masivos de comunicación para sensibilizar y concientizar a la población. Nuestros Legisladores federales deberían enfocar su materia gris en hacer y/o reformar las Leyes respectivas haciéndolas claras, concretas y con penas a funcionarios de cualquier nivel así como industriales que no cumplan con la Legislación, pues hasta la fecha es lamentable la colusión y corrupción existente entre autoridades e industriales, que han perjudicado a la población. Es fundamental que los Ayuntamientos dejen de ser ciegos y comparsas y se avoquen a través de su área de Ecología a la obligación de hacer respetar la Ley ambiental, independientemente de que los Ayuntamientos también cumplan con la misma en sus Rellenos Sanitarios, conducción del agua, tratamiento de la misma en sus Plantas Tratadoras de Aguas Residuales, etc. No podemos permitirnos ni permitir que se siga haciendo un uso inadecuado del agua ni contaminar el Medio Ambiente, pues es nuestra obligación heredar un medio ambiente sano a las futuras generaciones.

  2. Estimado Carlos: No se por qué no me extrañó que estemos en el 6° lugar de suficiencia en recursos hidráulicos y en el último en su cuidado. ¡Qué pena!
    Excelente artículo y con la fuerza de los respaldos.

    Un abrazo,

    FSA

  3. Estupendo y como siempre con mucha razon, sin embargo los humanos somos como la cigarra y no como la hormiga, pensamos que los otros van a solucionar el problema y nosotros solo lo esperamos, hay que poner algo en nuestro pequeño entorno

  4. me parece muy interesante este articulo del agua ya que es un elemento basico para la vida pero desgraciadamente hay muchos intereses creados por compañias que se dedican a industrializar el cloro y sus derivados y van a seguir sobornando a las autoridades para seguirlas produciendo.

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